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Camino de Cabra

  

CAMINO DE CABRA
Autor:Antonio Moya Somolinos
Año 2010
182 págs.
PVP: 15 euros
ISBN: 978-84-614-2679-9

Antonio Moya Somolinos (1955) es arquitecto municipal de Cabra y colabora habitualmente en el periódico El Egabrense. Los artículos recopilados en este libro abarcan desde septiembre de 2007 hasta agosto de 2010. En ellos, Moya suele tomar como punto de partida asuntos del momento para sacar ideas y conclusiones que hacen pensar a todo aquel que las lee. En un mundo globalizado, los problemas de cualquier lugar pueden ser extrapolables a otros. Dios etá presente de un modo u otro en todos los artículos escritos por el autor, sin complejos, sin eufemismos.  Tampoco falta de vez en cuando un toque de humor.

 

Noto que hay ciertas personas que tienen cierta obsesión por ser modernos, aunque probablemente ellos mismos no saben exactamente qué es ser moderno ni respecto de qué, ni para qué sirve. Esas mismas personas, quizá como un mecanismo de autocompensación de sus complejos o de manifestación no intencionada de su ignorancia, se dedican a designar gratuitamente a los que no opinan como ellos con calificativos como “retrógrado”, “rancio”, “antiguo”, “carca”, etc.

Qué duda cabe que la novedad tiene en si misma un atractivo que a todos nos seduce, pero habrá que profundizar un poco, porque lo moderno a secas, por lo único que se caracteriza es por llevar poco tiempo en la existencia, y eso está claro que no indica por si mismo que sea bueno o malo. Hay cosas mejores en la medida en que no son modernas. Por ejemplo, el vino es mejor cuanto más antiguo es; las obras de arte también son más valoradas si son más viejas, así como los libros, etc. Los conocimientos científicos y técnicos son otro cantar, si bien pasan a la historia determinados científicos, no por ser modernos o antiguos, sino por haber aportado algo de interés en un momento determinado.

Y en cuanto a las personas, ¿qué es mejor, ser antiguas o modernas? , ¿cómo se mide la antigüedad o modernidad de las personas? Probablemente estas preguntas jamás se las han planteado las personas a las que me he referido antes. En principio una persona mayor es más antigua que una joven, aunque en las personas la antigüedad no la dan solo los años. En principio, una persona mayor, al tener más años, salvo que haya perdido el tiempo, ha recibido más lecciones en la vida y ha vivido más, y tiene más experiencia y está más en condiciones de haber vislumbrado dónde está el bien. Una persona joven apenas tiene historia, y por tanto puntos de referencia, por lo que es más manipulable. Tampoco tiene apenas cultura o no ha elegido con plena consciencia y libertad la que tiene. Parece, pues, que en las personas pasa algo parecido al vino, que mejoran con el tiempo, sin que ello suponga menoscabar los aspectos positivos que existen en la juventud, que los hay; pero todo ello deja en entredicho que deba despreciarse a una persona por considerarla antigua.

Pero la cuestión no va por ahí, si es antigua o moderna, sino por otros valores más profundos, acaso quizá por uno sólo: por la bondad de esa persona y por el modo como esa persona se dirige hacia lo que es su bien.

 

Desde hace años venimos oyendo el calificativo “progresista” aplicado fundamentalmente a cuestiones políticas aunque también referido a personas. Casi siempre se lo aplican a si mismos aquellos que a continuación desprecian a los que no opinan como ellos tildándolos de “retrógrados” o “conservadores”. En primer lugar habría que dejar claro que progresar en si mismo no es ni bueno ni malo; todo depende de adonde se progrese, porque si se progresara hacia lo que no constituyese el bien, no valdría la pena ser progresista. Lo importante no es caminar hacia ninguna parte, sino hacia lo que hace bueno al individuo. Tampoco ser conservador es bueno o malo en sí mismo; todo depende de lo que se conserve y de lo que se renuncie a adquirir. En principio el que es conservador debe ser porque tiene algo bueno que conservar y ello no tiene por qué ser censurable. Volvemos a lo de antes, lo importante es que a esa persona conservadora su actitud le lleve a lograr su propia bondad, su propio bien.

En definitiva es el bien como objetivo y como posesión lo que interesa de una persona, no que sea moderna o antigua, progresista o conservadora, ya que esos términos en general indican poco o nada, salvo la superficialidad de quien los emplea.

Y llegados a este punto cabría preguntarse cuál es el bien de la persona. Nos llevaría muy lejos, pero se acaba el espacio de este artículo. Sintetizando al máximo podemos decir que el verdadero bien de la persona, lo que le hace progresar de verdad es la Sabiduría, no solo de la cabeza, de la inteligencia; sino también la sabiduría del corazón, que así llama la Biblia a la prudencia. Y la sabiduría no entiende de edades, pues como también dice la Biblia en una cita que ahora no termino de situar, pero que me sé de memoria y es del antiguo Testamento, el autor sagrado se dirige a Dios y le dice “me hiciste más sabio que los ancianos porque he cumplido tus mandamientos”. He ahí el verdadero progreso.

 

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