Pintora nacida en Barcelona. Presenta en Sala Aires una colección de obras pintadas en acero galvanizado, que evidentemente dificulta la técnica, y exige una gran maestría en la pincelada. Con una paleta bicolor, en blanco y negro, Rosa Serra parece querer dar, con o sin intención, una vuelta de tuerca sobre la teoría del color de Chevreul (de 1839), que tan presente estuvo en la pintura de los impresionistas. La luz matiza las obras, es algo que podemos observar, simplemente, al dirigirnos a la sala. Bajando las escaleras, a nuestra derecha, nos recibe un paisaje que la iluminación va modelando a medida que descendemos.